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ARTICULOS DE PRENSA
LUIS PUNTES, UNA MANO TENDIDA.
Los restos mortales del escultor y pintor Luís Puntes (Muel 1920 Zaragoza 2004) recibieron sepultura ayer en el cementerio de Torrero.

En Zaragoza amanece por el Canal, aguas abajo, y anochece por el Ebro, hacia el Moncayo. En esa hora del crepúsculo, desde el Cabezo, el agua se pone de plata, gris y seria. Me lo enseñaste tú. Lo plasmaste en un cuadro que siempre recuerdo. El canal lo escribió Sender y tu lo pintaste. "Crónica del alba". Entonces ¿también Sender sabía lo del amanecer? Hasta os parecíais en el físico de la madurez. Bien y rotundamente construidos; no muy altos; cuello corto, cabeza esculpida; voz recia... Pero me parece que tu genio tenía más aguante que el de don Ramón y eso que a la hora de tragar rabia, saliva y sinsabores no sé quién tragó más. Pero...
Ya ves, mis pensamientos dan vueltas, aturdidos trazan círculos que no van a ninguna parte. Es la hora de tu muerte. Eso debe de ser: puede más tu desaparición. El dolor por la pérdida es la cuchara que da vueltas, despacio, a esta olla de los recuerdos humeantes que se enganchan al alma. Andén de la última estación. De noche. Por la entrada de mi casa las esculturas tuyas me miran, nos miramos. Hay tristeza en ellas. La noto. Y las acaricio como quien abraza en un momento de pena. Temen quedarse solas. Y no va a ser así. Creo que sería el momento de recordarte por medio de una antológica: escultura, en el Gargallo; pintura, en el Torreón Fortea. Más cerca y mejor, imposible. Ahora.
Pero voy a dejar de hablarte como amigo y desde el mucho aprecio justificado que hacías sentir a quienes te conocimos. No quiero que la gente piense que el incienso de mis palabras son porque llegó la parca, ni porque mi amistad dañada, nubla la objetividad. No. Si coso estas letras es para que se enteren de lo qué eras y serás: el escultor más rotundo, más sincero y completo que dio Aragón después del primer tercio del siglo XX. No hay más cáscaras. Ahí está tu obra y que todos vean de dónde sale mi opinión. Los hierros. Las calizas. Los alabastros. Los ónices. Los bronces. Eres un eslabón imprescindible entre los últimos escultores figurativos del comienzo del XX y las últimas generaciones que vieron en ti a un colega, a un maestro. Y te respetaron. Todos. Y eso es mucho. El riesgo que implica una comercialización, no fue contigo. Nunca te vendiste, en ningún sentido. Sé lo que me digo y en quién pienso.
Desde las últimas figuraciones postcubistas, tu obra se desprendió de lo accesorio: cada vez eran necesarios menos planos para situar en el espacio una figura humana, preferentemente femenina. Brancussi, Moore... No sé. Da igual. Llegaste hasta el minimalismo. Y todo ocurrió en silencio, en tu silencio y en la soledad de tu vida. Un creador emplea nuevos materiales, o antiguos con otro acento; y tu lo hiciste. Un creador trata que el testigo recibido llegué más lejos. Un creador no se estanca ni detiene si saborea la falsa miel de los triunfos. Un creador habla de lo que siente, de lo que tiene cerca, de lo que ve, de lo que le influye, de lo que le atrae, de lo que le gusta. Y tu hiciste todo eso sin disfrazarte nunca de artista.
Si como escultor buscabas dominar y ordenar un espacio con un volumen hecho por ti, como pintor analizabas el espacio, lo memorizabas, lo exteriorizabas a base de pinceladas cargadas de color y sentido. Pero es curioso: te gustaba lo concreto. La escultura, con su presencia, que nacía más desnuda cada vez. La pintura era el color para definir cosas que llevabas pegadas a la piel. Aunque tu objetivo no fue pintar Aragón, tus paisajes atrapan la esencia de esta tierra, del trozo de tierra que pisaste con el alma, que te vio crecer: zona de La Huerva, Monegros... "No puedo con los verdes del Pirineo". Sólo trabajabas en la verdad que es la única condición de la belleza.
Pero ya es hoy ¿Después del dolor y de la ausencia final, existe un blanco intenso y diferente? ¿Qué calor tiene el alabastro por dentro? ¿Los torsos se esquematizan, se alargan, se lamentan? ¿Desde allá arriba, los Monegros son como tu los pintaste? ¿El trazo se diluye como las nubes? ¿Qué color tiene la tierra? Qué hay detrás de la vida muerta? Pero, como pensaba Unamuno, la inmortalidad reside en que te continúen. Una mano que se estrecha a otra y le presta su fuerza y se desmaya mientras la otra sigue. Y seguirán, porque abriste puertas y extendiste la mano. Carmen Duclós nos presentó. Era el año 80. Ella estaba en su etapa de galerista. Inquieta, como siempre. "¿Vienes a conocer a un escultor que se llama Luis Puntes?". Fui y me quedé contigo.
Despedida de los suyos
Los restos mortales del escultor y pintor Luis Puntes (Muel, 1920 Zaragoza, 2004) recibieron sepultura ayer en el cementerio de Torrero de la capital aragonesa. El panteón familiar, presidido por una "Piedad" en bronce que el propio Puntes realizó (en la imagen superior), será su última morada. Mientras, su obra recordará por siempre el valor de su trabajo.
En la dolorosa despedida estuvieron presentes numerosas personas, sobre todo del mundo de la cultura aragonesa que tanto apreciaba al escultor, a quien rindieron un sencillo homenaje de despedida. Entre los asistentes destacaba la presencia entrañable de varios fundadores del Estudio Goya, todos ellos ya octogenarios, quienes quisieron dar el último adiós a su querido amigo Luis Puntes.
Heraldo de Aragón Lunes 16 de Febrero del 2004 Luís G. Bandrés
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